No lo tengo claro al ver la foto. Es
un sueño. Sé que es la casa que mi mujer quiere para el verano. Pero es demasiado grande tal vez,
para nosotros, Alba y Daniel. ¿O no? Claro, así podrán jugar cada uno en un
cuarto... ¿Aislados? ¿No es mejor que jueguen juntos?
Es una preciosidad, con los
dormitorios en la planta alta, con balcón de madera. ¿Y si el pequeño se asoma
en un descuido por la barandilla o se cae por las escaleras? Pero es muy
confortable. Con la calidez del parquet por toda la casa, con la chimenea, para
pasar tardes de «orbayu» a cubierto, agradablemente.
¿Y si en un descuido salta una chispa y se provoca un incendio? Quizás soy un
exagerado. O tal vez sea mejor no encender la chimenea.
Lo mejor es el jardín. Manuela podrá
cuidar sus flores, mientras leo tumbado en una hamaca, con olor a hierba recién
cortada. Me podré relajar y quitarme de una vez esta desazón. Pero ¿habrá bichos? ¿Cómo no he pensado en
ello? Todo el mundo sabe la cantidad de hormigas, avispas, mosquitos que suele
haber en las plantas. Me pica el cuerpo de pensarlo. Los niños sufrirán y
estarán gritando de miedo todo el día…O quizás no y jueguen en la piscina
hinchable sin importarles nada más.
Tal vez deba ir a la cita del
psicólogo antes de decidir si vamos de vacaciones a esa casa de Asturias.
18 de junio de 2015
José María García
No hay comentarios:
Publicar un comentario