Apenas unas horas
le separan del disparo que, en cierto modo, pasó rozándole, hiriéndole en lo
más profundo de su alma. Cosas de la vida, cosas de la muerte. Noche de insomnio
de ese hombre que ha vivido en sus propias carnes el drama de la vida, hasta
ahora contemplado desde la platea y de súbito, desde el mismo escenario.
Aflicción de
madre, cara surcada de profundas arrugas nonagenarias, de inmenso dolor irreparable, que impactan en su sensibilidad,
que se graba en sus entrañas y alteran su sueño. Ayer descubría el padecimiento elevado a la enésima potencia,
de una madre y, a la vez, abuela que siente que ha sido estafada por el juego
de cartas de vida —de la muerte—al no permitirle abandonar la partida antes que a su hija, al no ahorrarle el
sufrimiento infinito de ver cómo su fruto más querido le es arrancado de sus
entrañas por segunda vez, la primera feliz, hace apenas un puñado de años, más
esta trágica ocasión para no volverlo a ver. Dolor porque se le
haya empujado contra su voluntad, contra
toda lógica, al espectáculo de horror que supone contemplar el amado rostro exangüe, ahora
sin sangre de su sangre.
Siente la más profunda pena, amor y solidaridad por
el inmenso y a la vez sereno sufrimiento de esos niños, ya adultos, a los que la madre ha insuflado su
último aliento, tras largas noches en vela, a los pies del lecho de la agónica y terminal
enfermedad. Esos adorados chicos que han sabido recoger el amor infinito, las
sabias enseñanzas de quien sabía desde
hace tiempo, que su espacio se había agotado.
Esa mujer y
ese hombre que son ya, hoy portan el
testigo de la naturaleza, del eterno ciclo biológico, por el que la materia, la
carne, ni se crea ni se destruye, sólo
se transforma. Por el que el espíritu y
la memoria de quien han dejado atrás, se les ha trasmitido, para que ellos, alguna
vez cedan a sus hijos.
Ellos son el
presente y el futuro que, sin lugar a dudas, sabrán construir. Al que van
equipados con la valiosa mochila que les ha sido legada en los años de su
existencia y que se han visto forzados a cargar, antes de tiempo, por la
temprana marcha de una madre, una hija.
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